Crónica de la feria del libro
Crónica de un Quiosco
Hace unos meses, en una clase de Historia hablamos sobre el paso de la literatura de bibliotecas a quioscos de diario. El profesor comento que aunque ya no son tan comunes en otros lugares, en Buenos Aires sigue siendo algo típico. Desde entonces empecé a prestarles mas atención de lo normal. Y aunque Borges decía eran una barbarie, yo los aprecio mucho, no se por que, quizá por que son típicamente porteños, y a mi me encanta esta ciudad.
Al no poder presenciar la feria del libro para realizar la actividad de la crónica, decidí hacerla sobre estos quioscos.
Todas las mañanas de camino a la facultad paso por uno, y el movimiento en
el quiosco de diarios parece repetirse todos los días. Algunos vecinos se
acercan a comprar el diario, otros preguntan por una colección nueva y algunos
simplemente se detienen a conversar unos minutos. Detrás del mostrador está
Óscar, que trabaja en ese puesto hace ya diez años y conoce la vida de gran parte de sus clientes.
Oscar comenzó en el rubro primero repartiendo diarios
y luego pasó a atender el quiosco, una actividad que, según cuenta, cambió
bastante durante la última década.
"La situación económica
influye mucho y además internet hizo que bajara la compra de diarios".
El es un lector habitual de la
prensa escrita. Todos los días lee ejemplares de distintos medios y considera
que la experiencia entre los diarios de papel con los digitales es muy distinta.
"En internet te muestran una
parte de la noticia, no te muestran la noticia completa. Yo sigo leyendo
diarios", afirma. Entre sus lecturas habituales menciona a Clarín y La
Nación, y destaca las ediciones de fin de semana, especialmente la de los sábados de La Nación.
Actualmente, los productos más
vendidos continúan siendo los diarios, aunque las colecciones de libros, juguetes, y revistas de entretenimiento también tienen una presencia importante. Según explica, el interés
varía según el tipo de colección que llegue al kiosco.
Si bien durante las dos horas que
estuve solo se acerco gente mayor, que compro diarios, revistas y juegos. Oscar me comento que muchos jóvenes se acercan principalmente por las
colecciones de libros y los niños suelen interesarse por juguetes
coleccionables y cuentos.
Más allá de las ventas, Óscar
sostiene que el aspecto más valioso de su trabajo es el contacto cotidiano con
las personas.
"Lo que más me gusta es atender a la gente. Después de tantos años, muchos clientes ya son amigos."
El oficio, además, implica una
dedicación constante. Los diarios se publican todos los días del año y eso
condiciona la rutina laboral.
"La gente no sabe que trabajamos prácticamente todos los días. Porque el diario se vende todos los días, el quiosco cierra muy pocas veces
al año", explica.
Después de diez años en el
rubro, considera que una de las principales enseñanzas que le dejó el trabajo
fue aprender a relacionarse con distintas personas, que le cuenten de su vida. Dijo que especialmente eso lo hacia sentir funcional.
La construcción de estos vínculos apareció de manera recurrente durante toda la conversación, lo que me llevó a pensar que el quiosco no es simplemente un local donde se venden diarios, sino también un punto de encuentro. Quizás ahí se encuentre una de las razones por las que estos puestos siguen existiendo en Buenos Aires. Volviendo a la clase de Historia, ya no me resulta tan extraño que permanezcan en esta ciudad, una ciudad donde la conversación, la información y el debate siguen ocupando un lugar importante en la vida cotidiana.
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