Crónica de la Marcha Universitaria

 Antes de salir a la marcha parecía que hacía frío. Como no estaba en casa, me llevé el buzo de papá y arriba el mío. Parecía un peluche, toda grandota. Me tomé el tren y en Retiro me encontré con Maia.

Nos tomamos un colectivo que, según Mai, nos dejaba en Plaza de Mayo, pero obviamente se desvió por la movilización, así que nos bajamos donde más cerca nos dejó. Apenas bajamos del colectivo, empezamos a caminar hacia la marcha.

En el camino nos cruzamos con muchos policías y no encontrábamos una calle que nos llevara directo a Avenida de Mayo. Cuando logramos llegar ya estaba atardeciendo, y veía que todos miraban hacia la 9 de Julio en vez de hacia Plaza de Mayo. Cuando me di vuelta para mirar, había una imagen hermosa.

En la imagen se ve un nene con la camiseta de Boca. Había un montón de gente con camisetas de sus clubes. En ese momento se me ocurrió empezar a capturar todos los escudos y camisetas que aparecieran, pero no me pareció una prioridad para mostrar. Igual, ahora me arrepiento. Al ver que, sin intención, terminé capturando a un chico con la camiseta de Boca, pienso que podría haber buscado una forma de relacionar los clubes con la movilización social, pero bueno.

Yo suelo ir a marchas desde chica, y creo que lo lindo de ellas es que al reunirnos todos, se materializa el sentimiento, en este caso de lucha y resistencia para que se siga garantizando el derecho a la educación.

También siento que es una forma de devolverles algo a los docentes y demostrarles que valoramos el esfuerzo que hacen para seguir enseñando. Que estamos ahí no solo por nuestra educación, sino también para defender que cumplan con un sueldo digno, así como ellos cumplen su trabajo.

En el transcurso de la marcha me encontré a muchas amigas, no me lo imaginaba por la cantidad de gente que había. Éramos tantos que parecía que teníamos un poco de poder para ser escuchados. Pero no falto el ruido del helicóptero. Muchos hacían el chiste de "¿será él?", y me causo gracia, pero más allá del chiste, me pareció innecesario el helicóptero, me pareció hasta violento, como que querían dar el mensaje de, que si quieren, pueden ejercer la coerción.



Ya de noche llegamos a Plaza de Mayo y charlamos con un periodista. Le preguntamos por qué estaba cubriendo esa marcha y el nos pregunto si se lo preguntábamos como persona o como profesional. La pregunta me descolocó un poco. De hecho, al día siguiente, cuando lo comentamos en clase, el profesor nos cuestionó si realmente se puede separar a la persona del profesional.

Igualmente, él dijo que estaba ahí como periodista y que, aunque se supone que tiene que ser imparcial, hay causas en las que es imposible serlo, sobre todo por su historia de vida. Contó que él es periodista gracias a que su padre pudo estudiar en la educación pública.

Como ya era tarde, nos volvimos cantando “Fanático” de Lali porque la estaban pasando por los parlantes. Y aunque el viaje de vuelta era largo, y volvimos llenas de olor a choripán y con calor porque habíamos salido muy abrigadas, volvimos contentas de haber sumado nuestro granito de arena.

Fin de la crónica, con aplausos de Maia.




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