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Carta en respuesta a Sabrina

Sabrina, mi amor, suerte que seas tan buena, reina. ¿Cómo que los querés? ¡No me hagas reír! A mí no me vengas con el cuento de que ahora sos la buenita, que estás con el ohm y con la paz, porque no te lo cree nadie. Sos más mala que una araña y la que provoca todo el hate siempre sos vos. Escuchame una cosa, mamita. Los haters no existen para que los abraces, existen para que hablen de vos y te destruyan. Ellos viven pendientes de cada cosa que haces. Vos decís que en el fondo te aman, y en eso tenés razón. Pero si les respondes, te van a amar todavía más. Más escándalo, más repercusión, más gente hablando de Sabrina. En este ambiente no hay publicidad más barata que un enemigo obsesionado. No te pido que los destruyas, te pido que les des el gustito de atención que necesitan. Que se queden criticándote mientras vos seguís rompiendo récords. Pensalo. No te hagas la Madre Teresa de Calcuta, porque tus hijos desviados no solo te van a chocar, te van a atropellar, mamita. Y a lo feo. Te...

Notas de Lectura

  Notas de lectura de Mariana Enriquez Las cosas que perdimos en el fuego Un cuento de terror y ficción, pero no un terror de monstruos sino de una violencia que existe en el mundo real. Además, utiliza imágenes impactantes y un lenguaje directo que me fue incomodo de leer. El cuento es en una sociedad argentina atravesada por la violencia de género. Todo comienza con la figura de una mujer desfigurada por las quemaduras que le provocó su marido y que viaja por subtes contando su historia. Con el tiempo, los casos de mujeres quemadas por hombres se vuelven cada vez más frecuentes. Frente a esta realidad, surge un movimiento llamado "Mujeres Ardientes", formado por mujeres que deciden quemarse voluntariamente para sobrevivir con cicatrices y convertir sus cuerpos en una forma de protesta. La narradora sigue principalmente a Silvina, una mujer que observa cómo su madre y otras mujeres participan activamente en este movimiento. A medida que las hogueras aumentan, las mu...

Crónica de la feria del libro

Crónica de un Quiosco  Hace unos meses, en una clase de Historia hablamos sobre el paso de la literatura de bibliotecas a quioscos de diario. El profesor comento que aunque ya no son tan comunes en otros lugares, en Buenos Aires sigue siendo algo típico. Desde entonces empecé a prestarles mas atención de lo normal. Y aunque Borges decía eran una barbarie, yo los aprecio mucho, no se por que, quizá por que son típicamente porteños, y a mi me encanta esta ciudad. Al no poder presenciar la feria del libro para realizar la actividad de la crónica, decidí hacerla sobre estos quioscos.  Todas las mañanas de camino a la facultad paso por uno, y el movimiento en el quiosco de diarios parece repetirse todos los días. Algunos vecinos se acercan a comprar el diario, otros preguntan por una colección nueva y algunos simplemente se detienen a conversar unos minutos. Detrás del mostrador está Óscar, que trabaja en ese puesto hace ya diez años y conoce la vida de gran parte de sus clientes...

Cuento de una Navidad

                                                   “Jesús jamás nació a las doce” En mi familia, la Navidad nunca es una cena más de fin de año, es el evento del año. Desde lo que yo sé, Nochebuena siempre se festejó a lo grande. Durante años fue en la casa de Granny y Grandpa, mis bisabuelos. La familia es tan grande que nunca sabemos exactamente cuántos vamos a ser cada diciembre. Sin embargo, de alguna manera, siempre entramos todos. Granny y Grandpa tuvieron siete hijos y, entre parejas, nietos, bisnietos y amigos, cada Navidad parece una fiesta multitudinaria. Hay que cocinar como para alimentar a un ejército y el que puede traer una mesa de plástico o un par de sillas extra lo hace, porque nunca está de más. La Navidad empieza cuando las tías vuelven de misa. Granny era muy católica y creo que por eso la Navidad es un evento tan importante para la f...

Linea temporal - Foto Familiar

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 La verdad quería dejar de escribir sobre mi familia, porque casi todo mi blog es sobre eso, pero con la consigna de las fotos tendré que hablar de ella devuelta, igual me encanta. Voy a empezar con fotos de cuando en mi familia éramos tres y vivíamos en una cabañita chiquita que había hecho papa con sus amigos en el Cerro Otto. Yo no recuerdo casi nada. Después nacieron mis hermanos que los amo aunque hoy no me den pelota, ahora ya están en secundaria y se hacen los grandes. Cada plan que propongo es un embole, como si hace unos años no me hubieran rogado que juegue con ellos. Cara rotas. Al mas chiquito le encantaba sacar selfies, asique estamos llenos de fotos como estas: Los viajes a Buenos Aires empezaron a ser bastante incomodos, íbamos pegaditos dos días seguidos en el auto, pero contentos porque íbamos a visitar a la familia. Siempre nos quedábamos un mes en lo de mis abuelos que vivian en San Antonio de Padua, y aunque hicieran 40 grados a la sombra yo amaba ir. Amaba acom...

Cuento - Traición

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Era una tarde de invierno en Buenos Aires. Como en todas las vacaciones, Francesca se quedaba unos días en casa de su abuela. Y como siempre, Paz, su prima la estaba esperando. Siempre fueron culo y calzón. Compartían todo juntas, sobre todo las tardes, aunque en invierno se les hagan más cortas. La mejor parte de pasar los inviernos ahí era Pía, su tía. Pía era joven, divertida, hermosa, despreocupada las dos la idolatraban mucho. Las peinaba, se sacaban fotos, iban a la calesita y comían garrapiñada, preparaban pochoclos para ver películas. Con ella todo parecía más divertido. Pero en verano apareció Facundo, su novio. Desde ese entonces nada fue igual para las chicas, ella seguía comiendo pochoclos, mirando películas, yendo a la plaza. Pero ya no con ellas, sino con Facu. Aquella tarde la casa estaba especialmente silenciosa. Afuera empezaba a oscurecer y las ventanas empañadas por la calefacción dejaban ver apenas las luces amarillas de la calle. La abuela dormía una siesta en su c...

Carta en respuesta a D.F. Sarmiento.

Estimado Domi: Desde ya quiero que sepas que no subestimo para nada todo lo que hizo por la educación de mi queridísimo país, se lo agradezco infinitamente. Pero a pesar de eso y aunque esté en calzoncillos, medias y canciones, mi respuesta a su petición es un rotundo no. Usted me habla de “programas nauseabundos” cuando son mero arte. Encima me pedís que mi participación no salga a la luz, pero el anonimato no va conmigo, y tampoco quisiera participar de un libro que hable de la cultura de Buenos Aires como “pestes” y “barbarie”. Si para usted lo son déjeme decirle que estoy orgullosísima de ser el icono de la barbarie Argentina.  O sino también, conozco gente que son la barbarie en persona como Silvina Escudero, una peste, que igualmente no vale la pena estudiar. Así que agradezco el interés para sus bibliotecas populares, pero paso. Si tanto le gusta Europa, escriba sobre la insulsa y aburrida cultura occidental papito. Besos, La One.