Cuento Fantástico

Me desperté desconcertada, sin saber dónde estaba. Como la mayoría de las veces, estaba boca abajo, mirando el piso. Había una alfombra verde oscura que me resultaba demasiado familiar.

Cuando me di vuelta, vi una ventana que daba a un patio con flores de hibiscus. La reconocí: estaba en la casa de mi abuela.

Me levanté rápido, emocionada por poder desayunar con ella. Salí al pasillo; la alfombra amortiguaba mis pasos demasiado, como si no terminara de pisarla.

Al llegar a la escalera, me sostuve de la baranda. Se balanceó, como siempre. Esperé que se detuviera, pero siguió moviéndose un segundo más, como si alguien estuviera bajando unos escalones más abajo que yo.

Bajé, un poco desconcertada. Desde la cocina se escuchaba la melodía de la radio.

Cuando entré, la cocina estaba completamente iluminada. Me encandilé un poco, pero la luz no venía de ninguna parte. Las cortinas estaban cerradas; no había puertas abiertas ni luces prendidas.

Me acerqué a la pared de madera. Había cuatro líneas marcadas en vertical, una al lado de la otra. Me quedé observándolas.

Entonces escuché la escalera. Pensé que era mi abuela, pero al mirar, vi a una chica bajando, también desconcertada por la baranda que se balanceaba levemente.

Entró a la cocina y la luz la encandiló por un segundo. Abrió el cajón de los cubiertos, sacó un punzón y se acercó a la pared. Observó las cuatro líneas y las tocó una por una.

Mientras lo hacía, se volvió a escuchar la escalera. Se detuvo. Se asomó. La baranda seguía moviéndose. Alguien más estaba bajando.

Apurada, hizo una línea en diagonal, tachando las cuatro, y desapareció, como si se hubiera ido a otro plano.

El punzón cayó al piso, junto a otros. Me llamó la atención. Me agaché a contarlos: había cuatro. Con el que se le había caído a la chica recién, eran…Mientras contaba, unos pies descalzos taparon los punzones.

Levanté la vista. Era la misma chica que acababa de desaparecer.

Trazó una nueva línea vertical, al lado de las anteriores. Desapareció otra vez.

El punzón cayó junto a los demás.

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